viernes, 25 de enero de 2019


¿GUERRA CONTRA EL HUACHICOL?
Leí hace poco que López Obrador, con respecto a la lucha contra el robo de combustible, que esta terminaría siendo su “Guerra contra las drogas” como Calderón. Poco le faltó al articulista decir que como los norteamericanos los soviéticos tuvieron su Vietnam en Afganistán ¿De veras? ¿En que se parece esta situación estratégica a lo hecho por Calderón? Veamos:
POLITICA
Detengámonos por principio de cuentas en el aspecto político. Si me permiten ahí no hay ninguna similitud. Calderón llega al poder en el mejor de los casos, con un serio cuestionamiento a su legitimidad, de la que surgió una Presidencia débil. No es el caso de López Obrador, que producto de la más alta votación su Presidencia es todo menos débil. Calderón inicia una campaña militar como respuesta a su falta de legitimidad y para fortalecer su presidencia sin un objetivo político claro. No fue el caso de López Obrador que claramente había señalado durante su campaña que acabaría con el “huachicol”, ahí hay un objetivo político claro: restablecer el control del Estado sobre la principal empresa del país y desmontar las cadenas de corrupción que se había entramado por lo menos en los tres últimos sexenios. Vale decir que una operación militar debe tener un objetivo político definido, toda vez que el uso del instrumento militar de la Nación es hacer política por otros medios. Siempre ha sido así y siempre será, porque lo que se busca al utilizar ese medio al fin y al cabo son objetivos políticos. No sólo la aplicación de la fuerza. Cuando López Obrador dice que lo que hicieron en ese caso fue darle de palos al avispero, no dice una broma, sino algo muy serio y que tuvo consecuencias en la vida de miles de personas. Fue como disparar un misil cargado con una bomba termonuclear para destruir un asteroide con rumbo de colisión a la tierra, despedazando al gigante espacial en cientos de pequeños meteoritos en ruta también a la tierra, los resultados serían igual, sino tal vez peores. Al no establecer un objetivo político no se fijó un tiempo de la campaña, que se prolongó a lo largo del sexenio, un periodo de tiempo demasiado largo para una intervención militar. Una campaña de pacificación o contrainsurgente que dura más de un año es considerada larga. Esta duró todo el sexenio y se prolongó en el siguiente, sin logros apreciables. No se supo entrar y ya adentro, atrapados en su "lógica" militarista, no se supo salir.
Es más, el surgimiento y desarrollo de lo que ahora se llama huachicoleo, es un resultado directo de esa intervención militar, que al golpear a los carteles más poderosos, multiplicó carteles menores y células de delincuencia organizada, dedicadas a esta actividad criminal y que no tenían la capacidad organizativa o los recursos para el tráfico internacional de estupefacientes. Que no es el caso de estudio, pero hay que mencionar que las formas de tráfico internacional de estupefacientes han cambiado, ahora son estructuras comerciales, entremezcladas con el sistema financiero y de transporte a escala global.
López Obrador da inicio a esta lucha con un objetivo claro: acabar la corrupción y su primera meta es controlar Pemex, porque esta empresa paraestatal es clave para que el objetivo planteado se cumpla. La corrupción en Pemex permite que otras cadenas ilegales operen, pues ya es sabido que los remanentes de los viejos carteles tienen a esta actividad como el medio que les proporciona flujo de efectivo para sus otras operaciones y en la escala de los negocios “legales” muchas “empresas” usan este recurso ilegal como parte de su margen de ganancia. Cuando Marx decía que el capitalismo entra chorreando mierda y sangre en los sectores y regiones que son incorporados al mercado mundial, no decía una mentira. Bueno ese margen de ganancia y acumulación originaria de capital tiene que terminarse porque se basa en la debilidad intrínseca del Estado. El Estado fallido es una condición sine cuan non para que ese proceso se concluya, lo que pasa que en este periodo de desarrollo implica una implosión de las estructuras del Estado y la viabilidad de México como Nación independiente. Es pues un asunto de Estado en su más completa definición. En una sola operación militar toma el control de los principales centros de operación de los carteles de huachicoleros de cuello blanco: las instalaciones de Pemex, sin cuyo dominio pleno es impensable ir acabando con el problema. Las cifras aportadas en sus conferencias matutinas dan cuenta de lo que ya imaginábamos, que el huachicol de cuello blanco era la mayoría de las mermas de la paraestatal; el huachicol “hormiga” desarrollado por pequeñas (y no tan pequeñas) bandas de criminales, operaba como una pantalla de las actividades criminales al interior de la empresa.
Dijimos que controlar las instalaciones internas hasta cierto punto era algo relativamente poco complicado, simplemente necesitó voluntad política y un golpe de fuerza que cortó de tajo los mecanismos internos de la actividad ilegal. Más complicado es controlar la actividad exterior diseminada a lo largo de los ductos. Hablaremos adelante de eso con más detalle.
¿SOLDADOS O CONTADORES?
Bueno, soldados y contadores y un tercero implicado necesariamente: abogados. La campaña de Calderón careció de los segundos, porque son los contadores los que analizan el flujo de efectivo que permite engrasar la cadena de montaje y los mecanismos de pago de beneficios a los involucrados. Sin una actividad como la anterior, no se puede hacer uso de los abogados, que son los encargados de cortar, inmovilizar los activos de esta actividad criminal. Son el equivalente, ambos, de los bombardeos estratégicos en la segunda guerra mundial, que más que atacar a las formaciones militares se centraron en destruir los componentes estratégicos que las hacían movilizarse, como los rodamientos (o baleros) de la industria alemana; porque puedes tener tanques pero de que te sirven si no puedes hacer mover los motores y las orugas, por falta de refacciones. Sin atacar contable y jurídicamente puedes detener capos y miles de personas, pero el aparato que los mueve sigue intacto, seguirá reproduciendo liderazgos y combatientes.
Calderón no quiso o no pudo hacer nada o casi nada en contra de este mecanismo, porque ahora sabemos que parte de los engranes del crimen organizado pasaban por una relación perversa política y económica, al más alto nivel y donde un ejemplo de eso son las declaraciones de la ex diputada local de Sinaloa, al servicio del Chapu. Pero no es ni el único, ni el más importante caso de corrupción y alianza entre políticos y criminales. Pero esta relación existe como efecto de la capacidad económica para corromper funcionarios y lograr márgenes de ganancia superiores en las actividades económicas lícitas. Desde el 20 de Enero hay el anuncio de la Fiscalía General de la República que se usará la extinción de dominio en los bienes producto de esta actividad criminal. No se puede derrotar a los beneficiarios ilegales y “legales” de este robo a la Nación, sin imponerles un alto costo económico a los que blanqueaban capitales o se beneficiaban de este saqueo. Hay que paralizar no solo los ductos, sino el flujo de efectivo, que permite aceitar la maquinaria de este negocio ilícito. Se empezó a hacer eso desde los primeros días de la intervención que fue multidisciplinaria e intergubernamental y donde el SAT, Inteligencia Financiera y la Secretaria de Hacienda fueron parte del componente económico para controlar esta situación, pero no el único como veremos. En eso, tampoco se parece a lo realizado por Calderón.
EL COMPONENTE POPULAR
La actividad antes descrita en las altas esferas de la política y la economía requerían de la existencia de un desorden social a lo largo de los ductos, con actividades que bien podemos llamar de robo “hormiga”, por su modus operandi y que servían de pantalla a las operaciones de robo mayor al interior de la empresa paraestatal: los huachicoleros. Son la parte marginal que existe por el desastre social en grandes regiones del país. Bandas relativamente pequeñas que armadas incialmente de información, comprada o proporcionada por empleados corruptos de Pemex, atacaban los ductos con válvulas generalmente de baja presión de uso hasta doméstico y que han generados muchas fugas y accidentes. Elementos de baja tecnología y organización pero imbricados en las comunidades a lo largo de los ductos.

Una actividad de piratería de ductos diseminada geográficamente y que servía para mantener operativa a esas células criminales. Hay información que surgió a causa del accidente que en Hidalgo el huachicol en la base de la cadena de ventas costaba $ 3.00 el litro. Con ese margen proporcionaba una utilidad al grupo en volumen y se creaban cadenas de venta al menudeo establecidas a lo largo de las comunidades de los ductos y en carreteras a la vista de cualquiera. En esta actividad participaban miles de personas en regiones económicamente deprimidas y sin otras opciones de trabajo. Era el “ejército popular” del huachicol, una reserva de mano de obra disponible, que miraban a esa actividad como un modo de vida y dispuestos a defender esa fuente a veces casi única de ingresos económicos. Una campaña contrainsurgente o de pacificación debe aislar a la población civil de los elementos violentos. En el sexenio de Calderón y Peña se hizo básicamente usando la fuerza a veces de manera brutal, sin ningún otro componente. Logicamente eso produjo un desastre en términos de los derechos humanos y no logró destruir a las organizaciones criminales, solo las multiplicó. Pero además desgastó al instrumento militar de la Nación. En el caso de López Obrador se parte de la diseminación de los programas sociales, llamados justamente por él “Dispersión de recursos” (22 de Enero) y que buscaban aislar a las comunidades de las personas que se dedican a atacar los ductos. Usó precisamente ese término: aislar (23 de Enero). Ahí estriba uno de los elementos que difieren en la forma de enfocar y resolver el problema.
En el reconocimiento de la deuda social que el Estado mexicano ha tenido por lustros con la población mayoritariamente pobre del país. Se busca tocar en la base de la pirámide del huachicol, destruir la participación de la población en actividades directas o indirectas de ese delito. Son ocho estados con 91 municipios con 3,000 millones de pesos de inversión. Eso cambia la ecuación social y permite que la presencia del Estado se afiance. Cómo antecedente, el gobierno de Cárdenas logró en la región de la guerra cristera con la reforma agraria, lo que calles no pudo con la represión: lograr la presencia del Estado, en sitios donde históricamente no existía.
CONTROL TERRITORIAL

Toda campaña de contrainsurgencia o de pacificación busca un fin fundamental: el control territorial. El control de un territorio es uno de los componentes de la existencia del Estado, si el desorden social, las actividades criminales y el reparto de dividendos de una actividad que vulnera a la economía de un país, de ese Estado lo menos que se puede decir es que es uno de naturaleza fallida. Es decir que la presencia del Estado sea efectiva en esa o esas regiones afectadas es una condición para su propia existencia, la otra son las autoridades de los órdenes de gobierno, que son parte constitutiva del Estado Mexicano. Una consecuencia directa de lo anterior es que las autoridades electas despachen los asuntos locales, sin la presencia de grupos violentos que trastocan la vida social. Solo una intervención del Gobierno federal, por la cantidad de recursos con que cuenta puede introducir un equilibrio en esa área afectada, que visto el número de Estados y municipios involucrados no es menor. Al ir restableciendo el control de los ductos, que era la forma de operar de esas bandas, más la diseminación de beneficios sociales que aísle a los elementos violentos el componente “popular” dejará de existir. Esa es la campaña más complicada y difícil, pero la que en definitiva puede lograr el restablecimiento del orden.
¿PORQUÉ CONTRAINSURGENCIA?

Utilice un símil con este tipo de operaciones, por falta de una mejor definición y por ser, de alguna manera un fenómeno muy estudiado y conocido. Es útil porque además presenta que lo que se está haciendo, no es una campaña militar, contrainsurgente o no, sino una operación de restablecimiento del orden. Se utiliza al instrumento militar de la Nación, por la falta otro que supla su capacidad de despliegue y logística, de ahí la necesidad de contar con un cuerpo de seguridad pública con disciplina militar que pueda atender este tipo de eventos, que no está de más decirlo, son una fuente de aprendizaje, sino véase solamente lo que tuvo que enfrentar el personal militar en el sitio dela explosión de Hidalgo; nunca en la historia de operaciones de control de disturbios civiles, una tropa enfrento, hasta donde sé, un escenario tan complejo en un medio ambiente saturado de gasolina y sus vapores. En mi concepto, las órdenes dadas ese día por el comandante de la tropa fueron las correctas dadas las circunstancias. El país requiere ese cuerpo que propuso el Presidente, que es una gendarmería en realidad, con un nombre histórico: Guardia Nacional. En este sentido, el gobierno actual quiere tocar todas las aristas del problema, que no fue atendido por lo menos en los últimos 20 años.
READAPTACION A LAS CIRCUNSTANCIAS
Una situación que se presentó y que seguramente no se tenía conocimiento de su amplitud y alcance fue lo diseminado del problema; primero con esa estructura paralela que llamó López Obrador un Pemex pirata; luego la cantidad de bandas y su relación social en las comunidades con Miles de Tomás clandestinas. Ante esto que produjo el desabasto de combustible en el centro occidente del país, el Presidente modifica su estrategia rápidamente, al comprar cientos de tanques rodantes o pipas a un total de una cuarta parte de la demanda diaria de combustible. No los pone bajó el control de la paraestatal, sino de SEDENA, porque entregarlos ahí es darle más capacidad a las estructuras corruptas al interior y exterior de Pemex. Usa la figura jurídica del Plan militar DNIIIE y lo hace de urgencia, con asignaciones directas y como producto de los ahorros obtenidos de contener el robo. Es un instrumento que permitirá secar los ductos, mientras la vigilancia militar, los programas sociales, la actividad de los órganos de supervisión contable y la fiscalía hacen su "magia". Implica al mediano plazo el mantenimiento mayor de los ductos y la creación de otras rutas en este sistema que no pasen por el territorio afectado, más centros de almacenamiento que junto con las pipas, controlen permanentemente el flujo vital de los energéticos. Esta adaptatividad tan pragmatica señala otra diferencia, en la forma de enfrentar el problema. Algo que tampoco se parece a la reiterada voluntad de continuar con la estrategia de intervención militar fallida de Calderón.

CONCLUSIONES
Es muy pronto para que se pueda saber si las medidas utilizadas lograran el objetivo de controlar el robo de combustible, pero desde mi personal punto de vida, me parecen que tienen bases sólidas para construir una respuesta mexicana a un fenómeno, que afectó a otros países. Apuntan a un avance constante en cada uno de los frentes que tratan de atender. Finalmente, como se desprende de mi análisis, lo que se realiza desde el actual gobierno federal, en nada se parece a lo realizado por los anteriores gobiernos, en realidad, ellos eran gran parte del problema.
Lecturas recomendadas:
Galula, David, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice
http://ready4itall.org/…/Counterinsurgency-Warfare-Theory-a…
USDOA FM 3-24 Counterinsurgency
https://usacac.army.mil/…/Reposit…/Materials/COIN-FM3-24.pdf
Department of State, Counterinsurgency Guide -
https://www.state.gov/documents/organization/119629.pdf
Gentile, Gian P. A Strategy of Tactics: Population-centric COIN and the Army, Army College
https://ssi.armywarcollege.edu/…/artic…/09autumn/gentile.pdf
Tyrell Wayne, How Counterinsurgency Has Changed Across the 20th and Into the 21st Century, Small Wars Journal
http://www.css.ethz.ch/…/d…/articles/article.html/185325/pdf
Chairman of the Joint Chiefs of Staff (CJCS) Counterinsurgency Joint Publication 3-24 https://www.jcs.mil/Po…/…/Documents/Doctrine/pubs/jp3_24.pdf

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